Soy Dariana Solibel Pérez Ocando, nací en agosto de 1994 y la verdad es que, a la hora de hablar de mi pasado, tenemos mucha tela para cortar; sin embargo, hay algo muy curioso y es que de mi infancia tengo muy pocos recuerdos, desde muy chica creé mi propio mecanismo de defensa de bloquear algunos recuerdos que ocasionaban dolor en mí y esto ha hecho que también esos recuerdos de mi infancia sean olvidados.
Pero podría comenzar hablando de la Dariana más pequeña que recuerdo, a los 5, 6 años quizás, cuando estudiaba en un colegio que estaba frente al edificio en el que vivía, recuerdo que casi siempre llegaba tarde, o sea perezosa desde pequeña, y que era lo peor tener que cantar el himno nacional TODOS los días aguantando sol (ese era el castigo por llegar tarde) pero bueno, obvio eso no es lo que queremos leer acá, les cuento esto, porque recuerdo que ésta Dariana era bien egoísta y también era algo envidiosa, a esa cortita edad. Esta parte de mi historia es interesante, porque debo contarles que en casa solo vivíamos mi mamá, la niñera y yo, o sea yo era el centro de atención; algunos fines de semana los pasaba con mis abuelos y mis primos en la finca, y como solo éramos 4 también era bastante consentida, pues mi abuelo nunca escatimó a la hora de llenarnos de dulces y cualquier cosa con tal de vernos felices.
Vivía peleando con mi prima, era una relación de amor y odio, a esa corta edad, hoy puedo decirles que esa mujer es mi mejor amiga, mi hermana del alma. En ese entonces mi madre se casó y llego a nuestro apartamento un señor con dos hijos, mayores que yo, lo que es igual a YO tener que compartir mi habitación con una casi adolescente; créanme eso lo fue lo más difícil que le pudo pasar a la Darianita de 6 años, ¿recuerdan que les dije que era egoísta? Ahora debía compartir mi espacio con otra chica.
Más o menos para estas fechas recuerdo que fue cuando comenzó el mal hábito de las mentiras en mi vida; no diré nombres para no exponer a otras personas pero, fue fuerte para mi esta experiencia y no precisamente voluntaria, la primera mentira que recuerdo que dije fue porque alguien que amo me mandó a decirle a otra persona que también amo que le dijera una mentirita para así poder conseguir algo que se quería en ese momento. Fue ahí donde me di cuenta que se podía decir cualquier cosa con tal de salirnos con la nuestra.
Pasó el tiempo y ya con las amistades, mis primos y las personas que me rodeaban era más fácil desarrollar mi imaginación contando mentiras en todo momento.
Por otro lado, mi papá era casado, no se desde que edad, la verdad no recuerdo mucho, sólo que ella y yo no nos llevábamos bien; no sé si eran celos o que sucedía, el tema era que manteníamos en una constante polémica.
Cuando cumplí los nueve, tengo dos recuerdos que marcaron mi vida, el primero es que me gustó el primer niño en mi vida, cosa muy vergonzosa porque él se enteró y obvio yo no pude admitirlo y segundo me mudé a dieciocho horas de donde había vivido toda mi vida, a un pueblo que de verdad no me gustó mucho, cosa que claro comenzó a alimentar mi mal hábito de la mentira porque mostraba de mi a las nuevas personas lo que se me venía en gana, fuese verdad o mentira, comencé a sentirme un poco superior porque recuerdo que me adelantaron de grado, ahora los niños que estudiaban conmigo eran mucho más grandes, por ello me sentía mas grande. El egoísmo ya no era tan marcado, porque ya habían nacido dos niñas que me habían quitado el lugar de niña consentida, es decir mis dos hermanas, una por parte de mamá, que nació cuando yo tenía siete años y la otra por parte de papá cuando tenía ocho años.
Y aquí quiero hacer un alto, para contarles que antes de irme a Trujillo (Venezuela), el pueblo que no me gustaba, con unas tías asistíamos a una iglesia, y la verdad creo que esto no permitía que esos malos hábitos que tenía se desarrollaran al cien porciento, pues la verdad participábamos mucho en ella, casi no faltábamos, yo cantaba incluso en las iglesias (varias sedes) y en las vacaciones siempre me iba de campamento con ellos, ya cuando nos fuimos mi vida se convirtió en un caos porque me aparté del amor de Dios y la palabra nos dice lo siguiente en Proverbios 6: “12 El hombre malo, el hombre depravado, es el que anda en perversidad de boca; 13 que guiña los ojos, que habla con los pies, que hace señas con los dedos. 14 perversidades hay en su corazón; anda pensando el mal en todo tiempo; siembra las discordias.” Yo ya me había convertido en ese ser malo, depravado, pues casi siempre mentía, andaba pensando mal y sobre todo me gustaba sembrar discordias.
Y se preguntarán ¿Por qué dices eso? Porque no obstante con que era ya bastante mentirosa, estando aun pequeña hice algo muy grave que fue tomar algunas cosas que no me pertenecían, cuando lo consiguieron en mi equipaje yo lo quise negar hasta la muerte y ¿Qué estaba haciendo yo allí? Hacer dudar a alguien amado de las personas que nos rodeaban, cuando en realidad quien había fallado era yo. Ahí yo estaba queriendo encubrir mi error culpando a alguien más (aunque no lo decía directamente) y generando tal problema que en definitiva iba a terminar en un caos, agradezco que Dios le diera sabiduría a la persona amada para hacerme decir la verdad.
El Señor nos dice en 1Corintios 6: “9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?” A estas alturas, yo no era nada justa y para que entendamos mejor, sigamos leyendo: “No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.”
Bien pueden ver que a una corta edad ya era ladrona, avara porque era bien egoísta y estafadora, porque ofrecía algo de mí que no existía al ser tan mentirosa; pero ahí no acaba todo, obviamente; al paso del tiempo me fui convirtiendo en todo aquello que no heredaría el reino de Dios, la fornicación llegó a mi vida, siendo muy joven, llegué a estar con una persona de mí mismo sexo, borracha, incluso también consumí muchas otras sustancias y caí en el adulterio.
Como les dije, hay mucha tela para cortar, mi primer novio creo que lo tuve como a los doce, trece, y comencé a tener una vida sexual activa realmente muy pequeña, no a los doce, pero sí pequeña, cuando me le escapé de las manos a mi mamá, o sea cuando ella ya no podía con tanta rebeldía por quedarme fuera de casa estando de rumba, quedándome con mi novio, sin permiso, ella decidió enviarme a vivir nuevamente a mi ciudad natal, para entonces entrar a estudiar en la universidad; otro mundo, comencé a conocer personas mucho más grandes que yo y también llegué a hacer muchas cosas que no estaban bien para encajar, donde para poder estar en ese mundo tuve que engañar a mucha gente.
Yo llegué a Puerto Ordaz, a vivir con mis abuelos, a hacerle la vida de cuadritos a ese par de viejitos que tanto amo y a una tía que vive también allí. Me escapaba, mentía para no llegar a horas, bueno un desorden de vida; trabajaba en el negocio de la familia, donde seguía cometiendo el grave error de robar, para entonces poder seguir manteniendo el desmadre en el que vivía, tuve varias parejas y no precisamente sentimentales y lastimé a muchas personas a mi alrededor, ¿recuerdan que les comenté del primer niño que me gustó a los nueve años? Bueno él fue mi novio y me porté muy mal estando con él, lo lastimé mucho y en ese momento parecía que ni me importaba.
Tenía un concepto bastante vago del amor, realmente no lo conocía. Puedo decirles que, llegando a este punto, dieciocho años digamos donde ya había vivido bastante, y muchas cosas negativas, aún no había recibido amor en mi vida, por eso siempre buscaba estar rodeada de muchos “amigos” y quería agradarle a como dé lugar a un hombre que me diera un mínimo de atención.
No es por excusarme, ni por darle la razón al pecado en el cual decidí vivir, sino que desde mi experiencia, desde mis vacíos, desde muy niña, comencé a buscar llenarlos de la manera más incorrecta. ¿Cómo me sentía yo para tomar TAN MALAS decisiones? Sola, vacía, triste.
Dios nos dice en Éxodo 20: “12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.” Yo no conocía que era honra, la vedad es que nunca sentí respeto siquiera hacia ellos, les robaba, les mentía, no les obedecía, solo me fui convirtiendo en esa “oveja negra” en la medida que crecía.
Hay un versículo que hoy en día me ha permitido entender porque antes no pude sujetarme a ellos, está en Proverbios 6: “20 Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre.”
Todos somos humanos y nos equivocamos, en mi caso mis malas elecciones fueron por la falta de práctica o mejor dicho las malas elecciones refiriéndonos a este versículo. Cuando me habla de los mandamientos de mi padre, él siempre quiso inculcarme buenas costumbres, buenos valores, como todo padre, pero yo prefería enfocarme en la teoría de que él era un padre ausente, poco hablábamos, poco nos veíamos y cuando yo volví a Puerto Ordaz, y viví con mis abuelos y no con él, fue cuando peor me pude sentir, “mi papá no me quiere” ese era mi pensamiento, entonces no tenía un mandamiento dado por él que yo quisiera guardar, para mí él era un completo extraño; y hablando de no dejar las enseñanzas de mi madre, otra vez hice una mala elección, escogí aprender de los errores, no viendo lo que ella había hecho mal para no hacerlo, sino repetir los mismos errores, claro, potenciados.
Aprendí de forma incorrecta el concepto del amor, mi mamá siempre ha sido muy peleona, o ese es mi recuerdo, ella peleando con su esposo, con mi tía, con mi prima, con mi abuela, conmigo, con todo mundo, bueno, con todo aquél que tiene un vínculo con ella, porque no recuerdo haberla visto peleando con algún vecino. Y, por otro lado, un amor ausente, con mi papá siempre hablábamos a final de mes para pedirle algo más de dinero, o recordarle de la mensualidad, poco hablábamos, poco nos veíamos, pues vivíamos lejos y cuando volví a Puerto Ordaz, aunque nos veíamos todos los días, poco compartíamos fuera del trabajo, o sea poco compartíamos un tiempo de calidad. Y hablo de esto, porque se supone que es en nuestra familia donde conocemos el concepto de amor, entonces claro, cuando comienzo a buscar el amor por mi parte, teniendo novios, buscando hombres que llenen ese vacío, comienzo a aceptar muchas cosas que no están bien, como, por ejemplo, que no me dediquen tiempo, que todo sea una pelea, que todo se arregla de cualquier forma, menos hablando.
En esta cita bíblica Deuteronomio 6: “6 y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” Si bien de pequeña conocí la verdad, en la medida que crecí esa verdad la saqué de mi vida, y es por la importancia de que dejó de ser repetida, y en la medida que dejó de ser repetida, la fui olvidando, olvidando así también el amor que Dios tenía hacia mí y que me lo demostraba por medio de mis padres, que aún a pesar de sus errores, siempre han querido lo mejor para mí, y muy a su manera me demostraron siempre su amor, sólo que ya yo tenía una mal concepto del amor por lo que día a día debía vivir.
Mentiría si digo que tuve una infancia llena de maltratos y abusos, la verdad es que, aunque mi mamá a veces exageraba en sus peleas, cosa que aprendí muy bien de ella, siempre que me pegaba o algo, era para corregirme, entonces exageraría al decir que fui maltratada, digamos que me lo merecía; sin embargo, si me tocó vivir el maltrato desde muy cerca y fue crecer viendo a mi mamá recibirlo; lo que me conllevó a mi vida adulta repetir esta historia.
A los 20 años tomé una decisión bastante loca y arriesgada con mi pareja de entonces, a pesar de que no teníamos muchas cosas en común, más que nuestro gusto por sustancias ilícitas, decidimos estar juntos “en serio” y esta relación fue un caos total, había muchos tipos de abusos, físicos, psicológicos, de sustancias, la verdadera definición de una relación tóxica. Obviamente esto me llevó a sentirme mucho más sola, de lo que ya me venía sintiendo, esto tomando en cuenta, que vivíamos en otro país y que estaba muy lejos de toda mi familia; entonces permitía que todo esto sucediera para no sentirme tan sola, pero en realidad agravaba mi malestar anímico, o sea me sentía cada vez peor conmigo misma.
Siempre tuve mi autoestima bajo, y claro en este tiempo todo empeoró.
Sin embargo al paso del tiempo tuve la oportunidad de llegar acá a Colombia, llegué engañada, pues me habían dicho que llegaría a un puesto de trabajo “estable”, tendría casa, comida, todo seguro y la verdad no fue así, pero eso es harina de otro costal, gracias a Dios aunque al principio me faltaron muchas cosas, que nunca antes me habían faltado, llegué a conocer el verdadero significado del amor y conocí a mi primer amor, quien me decía que no le importaba nada de mi pasado 1Corintios 6: “11 y esto erais algunos; más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”
Juan 3: “16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquél que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.”

Dariana Pérez – CEO

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