Estrategia, vulnerabilidad y construcción profesional en tiempo real.
Día 20 – 31 de marzo del 2026
Cerrar también duele, aunque sea lo correcto
No he escrito en estos días.
No porque no hayan pasado cosas…
sino porque han sido demasiadas.
Hoy tengo muchas ganas de llorar.
Quiero un abrazo.
Uno en específico.
Y creo que todo esto que estoy sintiendo hoy no es solo por este momento, es el cúmulo de demasiadas cosas pasando al mismo tiempo.
Estos últimos días me exigí mucho.
Volví a un lugar, a un tipo de trabajo que nunca contemplé hacer en mi vida. Y aunque sabía que era temporal, no dejó de ser retador. Me enfrenté a muchos errores en muy poco tiempo.
Y eso me frustró.
Porque no me gusta equivocarme.
Pero en medio de todo eso, entendí algo importante: uno, no quiero volver atrás en ninguna circunstancia y dos, equivocarme no acaba con el mundo.
Nadie muere por un error.
Y todo, absolutamente todo, tiene solución.
Aun así, mi cuerpo lo resintió. Mi espalda no la aguanto.
Y no puedo evitar preguntarme: ¿por qué me sigo obligando a estar en situaciones que ya no me pertenecen?
Pero también sé que este cierre no ha sido solo laboral.
Ayer tuve una conversación larga… necesaria. De esas que te enfrentan con la verdad. Y por fin acepté algo que también tenía que soltar. Algo que simplemente fue… o no fue. Pero que, de alguna manera, yo seguía sosteniendo.
Y entendí que tengo que dejar de cargar lo que no es.
Que soltar también es una forma de elegirme.
Hoy siento que estoy entendiendo, de verdad, lo que significa la libertad para mí.
Y qué bonito que todo esto esté pasando justo ahora, cuando estoy comenzando una nueva etapa.
Pensé en llamarlo una “vida nueva”… pero no.
No es una vida nueva.
Sigue siendo la mía.
Solo que ahora se siente más propia.
Más precisa.
Más consciente.
Y eso me encanta.
Entonces… ¿por qué tengo tantas ganas de llorar?
Porque este ciclo se cerró.
De verdad.
Y con él, también se cierra una versión de mí que ya no va a volver a ser igual.
Y creo que esta mezcla de miedo… y orgullo…
simplemente me está desbordando.
También estoy entendiendo algo que no siempre es fácil de aceptar: elegir un camino implica sostenerlo.
Honrar mis decisiones no es solo tomarlas con valentía en un momento de claridad, es también hacerme responsable de lo que viene después.
De las dudas.
Del cansancio.
Del miedo que aparece cuando ya no hay vuelta atrás.
Porque sí, hay miedo, mucho miedo…
Miedo a no saber exactamente cómo se va a ver todo.
Miedo a equivocarme de nuevo.
Miedo a que las cosas no salgan como las imaginé.
Pero también hay amor.
Amor por la vida que estoy intentando construir.
Amor por la mujer en la que me estoy convirtiendo.
Amor por esa versión de mí que, aun con miedo, decidió no conformarse.
Y quizás de eso se trata esta etapa: de aprender a caminar con ambos.
Con miedo…
y con amor.
Sin que uno invalide al otro.
Sin tener que esperar a sentirme completamente segura para seguir avanzando.
Hoy no me siento fuerte todo el tiempo. Pero sí me siento honesta conmigo.
Y eso, en este momento, vale más que cualquier certeza.
Actualización de mi estado físico: sigo con mocos, muchas alergias, ya no me duele la garganta, me duele demasiado la espalda, me esta saliendo un absceso en la espalda, las uñas siguen largas, se me ha caído la mitad de mi cabello mi cabeza duele permanentemente y me iré a llorar…
Bais.
Posdata: hoy no hay foto, pero dejé una historia en insta donde se ve la luna…
Nos leemos mañana.
Seguimos construyendo.
Dari🤍✨

Deja un comentario