Aquí estoy, una venezolana más fuera de su país, siendo intrusa de un hermoso país llamado Colombia, pero mi historia no inicia acá (esto lo escribí en noviembre del 2018, actualmente estoy de vuelta a mi tierra natal por tiempo indefinido, más no definitivo)
El 19 de octubre del año 2015 fue cuando tomar un par de maletas para un viaje sin fecha de retorno cambió mi vida. La crisis en mi país apenas estaba comenzando, costaba conseguir algunas cosas, pero aún se podían comprar, no como hoy en día, que ni se consiguen y si corres con la suerte, en definitiva el dinero no te alcanzaría. Un viaje acompañado de muchas ilusiones pues no lo emprendí sola, estaba con mi pareja de ese momento. Destino: Panamá; hermoso país que en el año y medio que estuve ahí me dio las mejores lecciones de vida, aunque yo decidí ser una rebelde sin causa.
Conseguir trabajo no fue tan fácil al comienzo, pues era una venezolana más de tantas sin documentación, sin embargo al plazo de dos o tres meses, ya había conseguido la oportunidad de estar en un restaurante de “salonera” (mesera), no era un trabajo fijo, pero me llamaban para cubrir los días libres de los trabajadores fijos y también los fines de semana, así que trabajaba la mayoría de los días de la semana.
Creo que nunca me había tocado trabajar tan fuerte, pues trabajaba hasta tarde y siempre había sido un tanto floja, pero creo que mi constancia me permitió conseguir quedar fija. Me adapté rápido la verdad y estuve un tiempo allí donde mi experiencia laboral mejoró bastante. Pude viajar a ver a mi familia casi al año de estar en Panamá, una experiencia maravillosa, el poder volver a verlos. Al regreso seguí trabajando allí un par de meses, pero mi falta de documentación no ayudó en absoluto, por lo que quede sin trabajo un tiempo. A mi expareja no se le hizo tan sencillo, al ser hombre, igual sin documentación, le costó aún más; por lo que no solo me tocaba lidiar con quedar desempleada, sino también con una depresión que entonces él tenía. Lo amargo en éste país, lo hubiese vivido en cualquier rincón del mundo, pues fueron experiencias amorosas.
Estuve un par de meses buscando trabajo, hasta que conseguí uno maravillosamente (en serio era maravilloso, porque se ganaron mi amor) estresante: cuidar de dos hermosas nenas, estresante por el poco tiempo libre, pero encantador porque este par de niñas me cambiaron la vida con su amor genuino y me volví a sentir en familia. Acá duré los últimos siete u ocho meses que viví en Panamá.
El cambio, de no seguir en Panamá se dio porque al mi expareja no conseguir empleo, yo seguir sin tener mi documentación al día y los entes migratorios cada vez más fastidiosos, el estrés fue empeorando para ambos. Como mi antigua jefa me había tomado mucho aprecio le alcanzó a conseguir un empleo a mi expareja, para que yo me venía a Colombia a buscar algo de estabilidad mientras él trabajaba en ahorrar la capital para tener algo propio acá.
La distancia hizo de las suyas y combinadas con la mala situación que ya ambos vivíamos, emocionalmente hablando, entonces esa relación acabó. Mi vida realmente cambió (mi encuentro con Dios). Debo admitir que al comienzo no fue tan sencillo, laboralmente hablando. Llegué a un pueblo donde las oportunidades son escasas, sin embargo ahí me tenían: vendiendo tortas en una esquina, guarapo (jugo de caña) en un parque, ensaladas en la entrada de un barrio, hasta que conseguí un trabajo un poco más estable (mi cargo como administradora), donde trabajo solo los fines de semana, pero cubro todos mis gastos sin preocupación. Y acá me tienen emprendiendo este nuevo proyecto, creyendo que un sueño y una pasión si me llevarán a donde deseo.
Tengo más de dos años que no veo a mi familia, pero extrañarles es ese motor que me impulsa a seguir luchando y avanzando, porque realmente lo vale.
______________________________________________________________________________
Pasaron unos meses, luego de escribir esto que acaban de leer, hasta que tuve la oportunidad de volver a estar con mi mamá y una de mis hermanas. Estuvimos en el mismo pueblo un par de años, ellas se mudaron porque mi hermana se casó y así poco a poco me abrí oportunidades laborales en ese sitio en el cual parecía imposible; todo gracias a que conocí el amor de Dios y tuve la oportunidad de conocer y aprender MUCHO de personas maravillosas.
Hoy en día estoy de regreso a mi tierra natal, y aunque los planes fueron venir de visita y ahora resulta que me quedaré un tiempo indefinido, estoy completamente feliz; aunque no les mentiré, después de haber alcanzado estabilidad y una tranquilidad en donde estaba el cambio ha sido radical y al salir por completo de mi zona de confort, claro que estoy incomoda, pero no estoy cegada, sé que esta es la perfecta oportunidad para seguir creciendo, evolucionando y desarrollando vínculos, conexiones y relaciones que jamás habría podido crear estando fuera de mi país, lejos de mi familia y de mucha gente querida.
Estoy emocionada por las oportunidad de seguir creando hermosas historias en éste lugar que me vio nacer, crecer y portarme tan mal, pues ahora podré crear nuevas experiencias siendo mi mejor versión.
Por aquí les dejo el episodio del Podcast en el que les comparto más de esta historia:

Deja un comentario